El Fútbol y las Creencias

Recuerdo que en mi niñez, en los años 70 y hasta principios de los 80, los peruanos considerábamos que nuestra selección de fútbol era una de las mejores de américa. Habíamos participado con buenas actuaciones en México 70, campeones en la Copa América del 75 y asistimos al mundial de Argentina 78 (a pesar de la dolorosa goleada con la que nos despedimos). El pueblo peruano tenía suficientes razones para haber registrado en el inconsciente colectivo, que la selección era buena y capaz de conseguir grandes resultados.

Con esa confianza, clasificamos al mundial de España 82. El buen nivel de la selección en Sudamérica era innegable. Y también lo era, la confianza del pueblo en que la selección lograría la clasificación.

Lamentablemente ya en el mundial los resultados fueron adversos, despidiéndonos una vez más con una estrepitosa goleada en contra. Recuerdo perfectamente ese día. No habían clases en los colegios los días en que jugaba Perú. Recuerdo mis lágrimas y las de mis amigos viendo a los polacos celebrar su gol número cinco.

En fin, a partir de ese día algo importante cambió. No solo en el campo de juego, sino sobretodo en la mente de los peruanos. Jugadores, hinchada y hasta en aquellos que no gustan del fútbol. “La selección ya no es buena”. “A la selección le cuesta mucho ganar un partido”. Eran las nuevas creencias que comenzaban a marcar su camino en la mente de los peruanos. Y los resultados siguientes las fueron reforzando. Y estás creencias a su vez ayudaron a reforzar también los malos resultados.

Nos fuimos convenciendo cada vez más de lo mal que jugaba nuestra selección. Dejamos de “creer” en que era posible conseguir buenos resultados. La imagen del jugador peruano se transformó en nuestra mente y también en la de los propios jugadores. De las estrellas admiradas y respetadas de hace algunos años, pasamos a los ídolos famosos más por sus escándalos con la farándula que por sus buenas actuaciones en el campo. Y esa se convirtió en la auto percepción de muchos jugadores. Bastaba con tener algunos resultados destacados en el humilde campeonato local, para verse a si mismo cómo una “estrella”, y actuar cómo tal: excesos, indisciplina, etc. No en todos los casos claro, pero si en los suficientes como para que esa imagen negativa del futbolista peruano se fuera arraigando cada vez más fuerte en la mente del pueblo.

Como resultado de todo esto, los jugadores de nuestra selección, al enfrentar un partido, debían hacer frente no solo al equipo rival, sino a fuertes creencias negativas con respecto a su capacidad de ganar. Creencias en su propia mente y en la mente de millones de peruanos que a pesar de su deseo de verlos ganar, no podíamos ahuyentar la expectativa negativa sobre los resultados.

El propio jugador no se creía capaz de mantener resultados positivos en forma sostenida, cuando las cosas parecían mejorar, “algo sucedía” y volvíamos a lo mismo. Cada que iban ganando un partido, parece que se sentían fuera de su zona cómoda y no tardaban en llegar los goles en contra.

Y es que en una competencia cómo el fútbol, no solo se miden habilidades deportivas y resistencia física. El estado mental de los deportistas es fundamental para los resultados que esperan conseguir. Si los jugadores de un equipo no son capaces de verse a si mismos como un equipo con capacidad de ganar y de sentirse así, sus acciones en el campo van a estar limitadas por sus creencias. No importa lo mucho que haya entrenado, o lo bien que le esta yendo en el equipo en el que juega en el extranjero, si el jugador siente que es parte de un equipo que no es capaz de lograr buenos resultados, su rendimiento se va a ver afectado por esta auto percepción. Y esto funciona de manera inconsciente. El jugador puede repetirse a si mismo mil veces “hoy vamos a ganar”, pero si no es capaz de realmente sentirse capaz de hacerlo, puede que no sirva de nada.

Y que difícil debe ser sentirte capaz de ganar, si sabes que hay un pueblo entero que no confía en ti. Si ves en los medios de prensa, continuos comentarios negativos y destructivos en cuanto al desempeño del equipo. Y por otro lado, como pedirle al pueblo que confíe, si no le das buenos resultados. Difícil situación a la que llegamos ¿verdad?

Sin embargo, en los últimos meses, “algo distinto ha sucedido“. Y no es que los jugadores hayan aprendido a jugar mejor. Sino que por alguna razón, hemos comenzado a creer. Y a pesar de que el rendimiento del equipo quizás no haya sido todo lo bueno que hubiéramos querido, no hemos dejado de creer. Ellos mismos no han dejado de creer, y ese es a mi parecer el mayor de los méritos logrados. Se han comenzado a cambiar las creencias. Y solo con ello se podrán lograr mejores resultados.

Más allá de si llegamos o no al mundial de Rusia, esperemos que seamos capaces de mantener las creencias positivas. Esperemos que nuestros jugadores sean capaces de seguir creyendo en su capacidad.

Por algo países como Brasil o Argentina están tan acostumbrados a los buenos resultados en el fútbol. Porque a pesar de que ellos también atraviesan momentos de debilidad, siempre se siguen sintiendo capaces. Jugadores y pueblo en general. Definitivamente si quieres ser grande, tienes que pensar en grande, tienes que sentirte grande.